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TANNAT: UNA CEPA POCO COMÚN

Por Jorge Machado

Excepto los especialistas o los aficionados que han tenido la posibilidad de viajar a Madiran, Francia o a Uruguay, son pocos los que conocen o han oído hablar de la cepa tannat. Esta uva tinta fue bautizada con ese nombre debido a su gran poder tánico, mayor que el de la cabernet sauvignon, lo que da origen a vinos con potencial de larga guarda. ¿De dónde proviene la tannat y dónde se da mejor en la actualidad? ¿Cuáles son sus principales características y sus maridajes recomendados?

Un poco de historia

Ubicada en el tradicional Camino de Santiago, Madiran es una tierra cuyos vinos llenaron los cálices de las antiguas abadías y calentaron el corazón de los miles de peregrinos que durante siglos recorrieron el camino a Compostela. Fueron monjes benedictinos quienes fundaron la abadía de Madiran en el siglo XI, época en que cobra importancia la elaboración de los vinos que destacaban por su elevada tanicidad y fuerza, lo que les valió la fama que fueron adquiriendo por la difusión que le dieron los peregrinos.

La cepa Tannat no se extendió en Francia más allá de la región de origen, principalmente debido a su difícil adaptabilidad. La epidemia de filoxera que arrasó con los viñedos europeos hacia finales del siglo XIX la redujo sensiblemente. A su vez, las políticas oficiales locales que limitaron la proporción de la tannat en los vinos de Madiran en los años 50’ en un rango de 40% a 60% desalentaron las plantaciones de tannat, por lo que en la actualidad sólo se cuenta con 850 hectáreas en la región.

Afortunadamente, la oleada migratoria de Europa hacia América durante el siglo XIX, permitió que algunos pies de Tannat llegaran a Uruguay. Fue Pascual Harriague, vasco francés, quien logró implantar el primer viñedo de Tannat hacia 1870, en el departamento de Salto, al noroeste del país, cerca de las orillas del río Uruguay. Poco a poco la Tannat se fue extendiendo por el territorio uruguayo, adaptándose progresivamente y durante décadas a las condiciones de clima y suelo de esa nueva tierra, que la recibió con el mismo cariño con que cobijó a los miles de inmigrantes italianos, españoles, franceses, alemanes y de otras nacionalidades europeas que buscaron una mejor vida en suelo uruguayo.

Provenientes de una cultura donde el vino ocupaba un lugar destacado en su vida cotidiana, esos inmigrantes continuaron la costumbre ancestral de hacer buen vino e integrarlo a su cotidianeidad.

Uruguay, país del tannat

La tannat fue la cepa que mejor se adaptó a las condiciones ambientales de Uruguay y en la actualidad es la más importante del viñedo uruguayo, al ocupar más de 3,500 de las 9,000 hectáreas sembradas. Ello la convierte en la cepa emblema de Uruguay y a este país en prácticamente el único exportador de vinos 100% tannat al mundo.

Se preguntarán ustedes ¿qué pasó con la tannat francesa?

Los propios franceses reconocen que su tannat permaneció como una cepa rústica y que se utiliza con cierta frecuencia para aumentar la potencia de ciertos cortes y mejorar su capacidad de guarda, pero que no es fácil de tomar como monovarietal. Sus taninos demasiado agresivos requieren un tiempo de barrica muy superior a los que se manejan en promedio para otras cepas y aún así hay ocasiones en que no se alcanza la necesaria amabilidad y redondez que demanda el cada vez más exigente consumidor global. No es casualidad que el revolucionario invento del método de microoxigenación, de Patrick Ducourneau, surgiera precisamente en Madiran. Consiste en agregar pequeñas cantidades de oxígeno al vino, antes de la fermentación maloláctica, mediante una sonda de cerámica, lo que permite redondear más rápidamente los taninos y acelerar la maduración del vino.

Por su parte, el tannat uruguayo ha ido ganando cada vez más premios en los competidos concursos internacionales, en catas ciegas y con los mejores sommelier del mundo, lo que ha llevado a acuñar el calificativo de “pequeño gigante de Sudamérica” con que se hace referencia a Uruguay en el mundo de los expertos en vino.

El tannat y la salud

Desde la difusión de la “paradoja francesa” en 1992, es ampliamente conocida la influencia benéfica del vino tinto en la salud humana, particularmente por la presencia de antioxidantes que bloquean a los radicales libres que provocan el depósito de colesterol en las arterias, con el consiguiente riesgo de infarto al corazón.

Una investigación desarrollada en el Instituto Clemente Estable de Montevideo, comparó el poder antioxidante de tres cepas tintas: merlot, cabernet sauvignon y tannat, en un estudio que duró dos años y concluyó que el poder antioxidante de la tannat es el doble de la cabernet sauvignon y cuatro veces mayor al de la merlot. El poder antioxidante se debe a la presencia de polifenoles, que ceden los hollejos al vino durante la fermentación.

Las características de la cepa

La tannat tiene hojas medianas, muy ampolladas, de color verde oscuro en primavera y verano, mismas que adquieren tonalidades cada vez más rojizas conforme avanza el otoño, brindando un agradable espectáculo visual al visitante que guste de las caminatas por la zona de viñedos en esa agradable estación del año.

Presenta una baya esférica de tamaño mediano, a veces con dos alerones, agrupada en un racimo no muy apretado. Su piel es fina, de color violáceo muy obscuro.

A la vista, el vino tannat presume su intensa coloración roja violácea, a veces con tonalidades granate, limpia y brillante.

En su aroma predominan los frutos silvestres rojos y negros muy maduros del bosque, notas especiadas y la presencia de chocolate que anuncia interesantes maridajes.

Tiene mucha presencia en boca, la colma de manera persistente y con excelente y abundante final. Sus taninos son redondos y superan en intensidad a los de la cabernet sauvignon. Son vinos muy concentrados, potentes, estructurados y de gran complejidad. Con frecuencia destaca su delicado sabor a moras. Se caracterizan por un notable balance entre la acidez y la fruta.

La excepcional adaptación de esta variedad al particular entorno climático y de suelos de Uruguay, simplifica la elaboración y permite la obtención de tintos jóvenes, que a menudo son aptos para ser degustados en el mismo año de su cosecha. No obstante, la mayoría de los enólogos, conscientes del gran potencial tánico que caracteriza a esta cepa, se inclinan cada vez más por utilizarla para la obtención de tintos de guarda. También se elaboran excelentes vinos de corte, combinando la tannat con las principales cepas tintas del país, como cabernet sauvignon, tempranillo, merlot, syrah y cabernet franc, con lo que se obtiene una amplia paleta aromática y una enorme riqueza de posibilidades a explorar por parte del consumidor ávido de experiencias novedosas para sus sentidos.

Los maridajes más recomendados para la tannat son las carnes rojas, piezas de caza, quesos fuertes y pastas bien condimentadas.

Es sabido que ninguna explicación sustituye la experiencia sensorial directa de apreciar un vino. Por ello, si tienes la oportunidad de degustar un buen tannat, no la dejes pasar, disfruta el momento en compañía de tus seres queridos. Si eres de aquellas personas que disfruta experimentando nuevos aromas y sabores, que te gusta descubrir los secretos que te puede contar una cepa casi exótica como la tannat, ese espíritu que vive en cada botella, déjate seducir por su originalidad, por su potencia y por su expresión plenamente frutal. Salud...

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